miércoles, 30 de marzo de 2022
Tiempo revuelto
miércoles, 23 de marzo de 2022
Las otras víctimas de la guerra
miércoles, 16 de marzo de 2022
Y la guerra continúa
miércoles, 9 de marzo de 2022
La guerra que los rusos van a perder
miércoles, 2 de marzo de 2022
A sangre y fuego
miércoles, 23 de febrero de 2022
La despedida
miércoles, 16 de febrero de 2022
Palabras
Palabra del año podría ser también cualquiera del montón de ellas que han entrado últimamente en el lenguaje de tinte culterano con que nos hablan desde las tribunas: criptomoneda, resiliencia, algoritmo, empoderada, transversalidad, cogobernanza, postmodernidad, procrastinar, metaverso. Eso sin contar las que aportan las creativas mentes de la progresía feminista: la matria, las miembras, le niñe, las soldadas. Y no digamos la riada de términos extraños que emplean los papanatas de todo lo extranjero, esos que llaman a ir de compras hacer shopping, al almuerzo brunch y a una reunión de trabajo un brainstorming.
miércoles, 9 de febrero de 2022
Entre nosotros
miércoles, 2 de febrero de 2022
Un triunfo de todos
miércoles, 26 de enero de 2022
Sonidos de guerra
miércoles, 19 de enero de 2022
Calma informativa
miércoles, 12 de enero de 2022
En torno a la política
miércoles, 5 de enero de 2022
Queridos Reyes Magos
miércoles, 29 de diciembre de 2021
El año que se va
Nos quejábamos del 2020 y lo despedimos con un suspiro de alivio y con la seguridad de que el año siguiente habría de ser mejor por fuerza, después de lo alto que dejó el nivel de calamidad aquel siniestro bisiesto. Y no. Este año que ahora se muere ha seguido su estela, de forma que casi pueden repetirse al pie de la letra las maldiciones de despedida que le dedicamos al otro. Hemos visto muy de cerca temores nuevos conviviendo con los viejos, que no acaban de irse. Hemos confirmado lo que ya habíamos descubierto: hasta dónde puede llegar la profundidad de nuestra condición de seres vulnerables. Hemos comprobado que no tenemos respuestas para todo y nos hemos confirmado en la idea de que solo la ciencia puede poner algo de orden en aquello que el azar descompone. Hemos sentido el miedo a nuestro lado y la angustia de ver cómo se resquebrajaba la esperanza del bienestar del mañana al tambalearse los pilares económicos de nuestra sociedad. Si el pasado año tuvimos que aprender de repente asignaturas que nunca hubiéramos querido conocer, este 2021 nos ha obligado a hacer la reválida y hasta tener que luchar por la matrícula de honor para superarlas.
Segundo año de la era del virus, ahora con una variante más pegajosa, pero también más llevadera para nuestras defensas y para las vacunas, que nos han traído la esperanza. Quizá sea esta la única nota luminosa que presente este año para evitar el apellido de "horribilis". Apenas empezado, la borrasca Filomena paralizó el país con una nevada como hacía mucho tiempo que no se veía por estas latitudes. Miles de personas quedaron aisladas en sus pueblos, se cerraron vías de tren, autopistas y aeropuertos, frutales y cultivos de invierno quedaron destrozados, se produjeron aludes mortales y hasta las calles de las ciudades se convirtieron en un peligro para todos. Y luego despertó el volcán. La naturaleza pareció querer mostrarnos nuestra indefensión haciendo alarde de sus recursos de extremo a extremo. Fuego y nieve, silencio y bramidos. Cuando nadie lo esperaba, ni siquiera lo intuía, una desconocida montaña de la isla de la Palma se abrió y se convirtió durante unos días eternos en una imagen del infierno. Quienes lo han perdido todo bajo el monstruoso río de lava ardiente, llevarán marcado para siempre en su memoria el nombre de este 2021.
El mundo es un lugar de riesgo, ya lo sabemos, pero hay años que parecen empeñados en recordárnoslo. Al próximo habrá que decirle que ya lo hemos aprendido, pero sobre todo habrá que exigir a quienes mandan que no nos lo hagan más difícil.
miércoles, 22 de diciembre de 2021
Feliz Navidad
Feliz Navidad a los que quieren borrar este nombre de nuestro mapa de los sentimientos y cambiarlo por el de fiesta, solsticio y ocurrencias así. Que se atrevan a mirar a su alrededor con ojos limpios de resabios y comprenderán que hay ideas con un espíritu tan poderoso que pretender luchar contra ellas es como querer dar puñetazos al sol. Y el eco de lejanas campanillas y de entrañables evocaciones infantiles seguramente estará al acecho en algún escondrijo de su mente.
Feliz Navidad a los que el virus hundió en el dolor de una despedida, a los que sufren en una cama de hospital y a los que han tenido que alterar sus vidas por el temor y la incertidumbre, o sea, a todos nosotros. A los refugiados que tiritan en el bosque helado ante la alambrada que no traspasarán o en la playa a la que nunca llegarán. A los que se han tenido que acostumbrar a vivir sin esperanza. A todos los que dedican algo de su saber y de su tiempo a ayudar a otro, sin darse cuenta quizá de que son la base más noble y valiosa de la sociedad.
Feliz Navidad a los políticos de buena voluntad que piensan ante todo en el bien común. Que el viento de las urnas se lleve cuanto antes a los demagogos y sectarios, a los que viven de la mentira y de mirar tan solo su provecho, y a los fanáticos ignorantes para los que su lengua y su terruño son la única obra sublime de la creación. Pues incluso a estos, Feliz Navidad.
Feliz Navidad a los que sienten en su alma el latido diario de los campos solitarios que les esperan cada madrugada para proseguir su eterno y sufrido idilio; a quienes en cualquier lugar se enfrentan cada día al duro ejercicio de luchar para dar a sus hijos el mejor futuro sin esperar más recompensa que la de verlo conseguido; a los que cumplen con su deber de forma callada y ven cómo sus impuestos se emplean muchas veces en despilfarros absurdos, y a los que creen que vivir la vida con optimismo en estos tiempos es un ejercicio difícil, pero que es necesario intentarlo.
Feliz Navidad a los que a estas horas han comprobado que la suerte les ha tratado como cada año. Y a ti, que has tenido la generosidad de leerme.
miércoles, 15 de diciembre de 2021
Juguetes para la igualdad
miércoles, 8 de diciembre de 2021
Todo igual
miércoles, 1 de diciembre de 2021
Don Justo
Aprovechando unos terrenos que heredó de sus padres en Mejorada del Campo, comenzó su obra, sin apoyos ni subvenciones y ante la crítica de algunos, la mirada burlona de muchos y la incredulidad de todos. Comenzó con lo que pudo, desde los más vulgares materiales de desecho hasta lo que le fue posible comprar con lo que le quedaba de patrimonio y con los donativos que visitantes admirados le daban. Naturalmente, los requisitos mundanos -licencia de obras, proyecto y demás- no merecieron la menor atención. Aterido de frío en invierno y agobiado por el sol en verano, a todas las horas del día y casi todas las de la noche, don Justo siguió levantando su catedral sin mirar hacia ningún lado, ni a las críticas ni a los elogios, que oía indiferente, ni a las autoridades religiosas o civiles, que en el mejor de los casos le ignoran.
Ahora, sesenta años después, Don Justo ha muerto sin poder ver rematada su catedral, aunque ya con forma bien definida, con su estilo ecléctico, mezcla de gótico y de lo que sea, su aspecto acastillado, su compleja distribución espacial, su variopinta mezcla de materiales y sus enormes proporciones. Un alcalde le dijo un día que, cuando la acabe, con la ley en la mano, no tendrá más remedio que derribársela. Don Justo le respondió: levantaré otra.